25 de febrero de 2012

A propósito de la coyuntura social y política





En las actuales circunstancias, el Perú pasa por un momento político controversial y confuso; los actores en el escenario se agotan en discusiones estériles, en acusaciones y recriminaciones mutuas; no se ve un liderazgo alternativo al de la mediocridad reinante. 

En el Congreso de la República se legisla sobre cosas y hechos intrascendentes; las verdaderas reformas que debe impulsar el Congreso son letra muerta; los asuntos de Estado se reducen únicamente a los temas de coyuntura, por no decir, destacan por su intrascendencia. 

No hay en el corto plazo una agenda legislativa que valga la pena comentar. La ansiada Ley General del Trabajo, más se parece a una pelota de pin pon que a una reforma necesaria para hacerle justicia limitada a los trabajadores. 

Los partidos políticos siguen exhibiendo a lo que queda de su liderazgo en sus sarcófagos; no hay ni el más mínimo intento por renovar un liderazgo alternativo. 

Los Partidos políticos de derecha y los grupúsculos de la izquierda oportunista, siguen con sus viejas momias en la "palestra" de un liderazgo estéril e incipiente. No son ni el asomo de una verdadera clase política.

Los trabajadores organizados en las vigentes centrales sindicales, seguimos desunidos y fraccionados; no existe un instrumento de coordinación que nos permita luchar por objetivos comunes; se impone por encima de los intereses generales, los intereses particulares y personales de nuestros "lideres".

Los beneficiarios del crecimiento económico agrupados en la CONFIEP, se regocijan de éste escenario, tan favorable para sus intereses y, hacen hasta lo imposible para seguir incrementando sus utilidades; motivados claro está por la buena situación de nuestra economía y por los buenos administradores que tienen en el gobierno central; a la postre, un gobierno nacionalista del gran cambio hacia atrás; el cambio del retroceso, necesario para seguir beneficiando a los que más tienen.  


Para los pobres se incrementará el populismo y la dádiva estatal, convirtiendo los reclamos sociales en el engambre del clientelaje político; tan necesario para los regímenes que están de moda en nuestra atribulada Latinoamérica.

Las promesas electorales que llenaron cientos de titulares en los periódicos y revistas, quedarán en el pergamino de la infamia, serán el abecedario de la gran estafa, o el relicario fraselario del tiempo perdido. Claro, los medios de comunicación siguen siendo eso "medios de incomunicación"; o sea, resúmenes de anecdotarios faranduleros, noticiarios sangrientos y papel amarillento para el reciclaje. 

La Televisión peruana seguirá siendo la caja boba o el diapasón sonoro de la mugre que vergonzosamente llaman cultura. Eso es desgraciadamente el escenario de la actual coyuntura.

Las luchas sociales se anuncian como el verdadero impulso a una nueva oleada política; la de la confrontación, la de la protesta, la del reclamo permanente, que crece como resultado del descontento social  y en respuesta a la mediocridad política reinante.

Algunos idiotas, ven en la captura de Artemio en el Huallaga y en la derrota definitiva de Sendero Luminoso, la salida a nuestras frustraciones milenarias; no se ubican ni en el contexto de la verdadera historia; es decir, los males endémicos y estructurales de nuestra sociedad, de lo que llamamos república y/o Nación, siguen vigentes, crecen como una tumoración que hacen inviable un proyecto nacional con los actores siniestros que nos gobiernan en todas las esferas del Estado y de la sociedad.

En lo que a nosotros respecta, nos toca la parte de la responsabilidad que en abundancia les corresponde a los que nunca hicieron nada; y, de aquellos que pudiendo hacer más, viven medrando en nombre de los marginados de siempre.

Son muchas las responsabilidades y grandes los problemas a resolver, sin embargo, nada es imposible si logramos tomar plena conciencia  de nuestras verdaderas responsabilidades como ciudadanos de este país grandioso y milenario.

Hasta la próxima.