5 de diciembre de 2012




Sistema Privado de Pensiones
Cambiar todo para que no cambie nada
Jorge Bernedo Alvarado
Análisis laboral-junio 2012

El debate reciente sobre el Sistema Privado de Pensiones (SPP), y sus administradoras privadas, las ya ampliamente criticadas AFP, habrá hecho recordar a más de uno, la paradoja genial de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, en su novela “El Gato Pardo”. Hay que cambiar todas las apariencias, de manera que no se altere lo fundamental. Con esta máxima se defendía a la aristocracia local ante el embate arrollador nacionalista durante la unificación italiana. Son esenciales las apariencias, lo que la gente ve. Actuar en estos niveles permite preservar lo esencial.
¿Cuáles son las apariencias en el SPP? Sobre todo las comisiones. Está cercano el sistema a cumplir los 20 años sin mayores logros que impresionen. A pesar del contexto de crecimiento económico- con frecuencia inmejorable- que le ha tocado gozar, el SPP tiene poco que mostrar. Con mayor razón, si se considera la total complacencia de los gobiernos y los supuestos entes fiscalizadores que han aceptado todos los cambios posibles a favor de los consorcios financieros que manejan las AFP y abandonado a su vez el interés de los afiliados.
En todo este tiempo- especialmente en el Congreso de la República- el debate se redujo a iniciativas sobre la reducción de las comisiones pagadas por los afiliados, y algunas leyes sin efectos reales como las que más bien dificultan que facilitan los traspasos o hacen impasable la jubilación anticipada. Complacer a la inexistente platea- los afiliados carecen de cultura previsional y nadie se empeña realmente en protegerlos- con propuestas y disposiciones inefectivas, logra evadir el problema esencial: el sistema se maneja sin la menor transparencia, los afiliados no tienen representación ni defensa de sus fondos, la competencia se ha eliminado y estamos actualmente ante el más seguro y rentable de los negocios de la historia del Perú- que vaya y pase- solo que indeseablemente afincado sobre una promesa de bienestar y seguridad social que no tiene visos de cumplirse.

UN POCO DE HISTORIA RECIENTE
No está de más recordar los orígenes del sistema, a los comienzos de los años 90 del siglo pasado en medio de la ola de reformas privatizadoras. Diez años antes se había instalado en Chile la privatización de las pensiones. En base a la idea- importante y plausible- de la capitalización individual de los aportes laborales. El núcleo conceptual era que ante el fracaso de los sistemas de reparto- en el que el colectivo de quienes trabajan sostiene al colectivo de jubilados- por la presión demográfica y por la inepcia y corrupción de los gobiernos y las cajas gremiales, valía la pena que cada afiliado ahorre en cuentas individuales para su jubilación.
Desde luego, ahorrar los aportes no basta para financiar las pensiones de jubilación; y peor aún, se había comprobado que los administradores anteriores (gobierno, cajas) son proclives a gastarse los ahorros pensionarios sin importarles su intangibilidad. Surge entonces la idea base del sistema: los ahorros previsionales deben ser administrados- en competencia- por entidades, las Administradoras de Fondos de Pensiones o AFP, que los hagan crecer significativamente y los retornen, acrecentados, a los trabajadores en su vejez asegurándoles una jubilación digna.

La competencia era el núcleo del éxito de la propuesta. Las Administradoras deberían competir entre ellas y las más ineficientes reponer fondos cuando eran superadas pudiendo incluso fusionarse o desaparecer de no ser exitosas. Para fines de los depósitos, los bancos y entidades financieras deberían ser independientes de las AFP  y pugnan brindando cada cual las mejores tasas de rédito posibles a los fondos; no olvidar que son fondos que provienen de recaudaciones obligatorias. También debería haber independencia entre el sistema financiero  y los destinatarios de las inversiones- empresas privadas, bonos del gobierno, ofertas de inversión- e independencias de las AFP y los bancos y empresas de las compañías de seguros que administrarían las pensiones, para que lo hagan con el menor costo posible. Las compañías de seguros, de otra parte, perciben una comisión durante el lapso de  la capitalización para cubrir riesgos desde antes de la jubilación y acercarse al sistema.
Las multas a las infracciones al régimen de competencia generalizada propuesto por el sistema son en Chile severas. Y tienen razón para serlo. Es esta múltiple independencia de intereses  y la competencia que originan el motor que debe hacer crecer el fondo varias veces más allá de los aportes, como para asegurar la ansiada pensión digna. Con un añadido, por si se necesitara, los afiliados chilenos pueden trasladarse entre las AFP con relativa agilidad, de manera que aprovechen las mejores rentabilidades durante toda su vida laboral.
El otro elemento esencial del sistema era el Bono de Reconocimiento, el BR. Este era en el sistema chileno efectivamente un reconocimiento y un bono. Nos explicamos. Se constituía con los aportes ya realizados por los trabajadores activos al sistema previo,  calculando su valor a través de una formula asociada a la edad de los trabajadores, dado que la mayor parte de instituciones no tenían cuenta individual de los aportes previos ; es decir, el BR reconocía los pagos ya efectuados. Y era un bono: el Estado lo emitía y tenía un rendimiento anual real (por encima de la inflación) del 4 por ciento, siendo además negociable- insistimos, es un bono, un instrumento financiero – para permitirle un crecimiento propio. Frente al fracaso y corrupción de las cajas, esta propuesta en Chile parecía un edén. No lo ha sido tanto: la mitad  de pensiones en Chile son subsidiadas por el Estado para que aseguren un mínimo de bienestar, y se han tenido que hacer reformas esenciales para mantener el sistema con aporte creciente del Estado. Pero allí van.
Cabe anotar que el Perú fue el segundo país en implementar el sistema, con apoyo decidido de los organismos multinacionales. A tal extremo llegó este apoyo, que el Banco Mundial hizo una donación promotora a una de las AFP, que a su vez tenia de mentor nada menos que al Ministro de Economía y Finanzas (MEF) de esos tiempos. Luego, la propuesta privatizadora de las pensiones se extendió hacia otros países de América Latino  e incluso se impuso en algunas naciones del este europeo  como parte de su reinserción al sistema de mercado. En cada país, sin embargo, el sistema adquirió características propias en el monto de los aportes, en las responsabilidades del Estado, en la existencia de sistemas complementarios o mixtos. Tras estas dos décadas, Chile tuvo reformas, el Este europeo reculó y Argentina, igualmente, anulo el sistema, en medio de protestas, con el argumento del manejo interesado de los fondos.

REFORMA PREVISIONAL A LA PERUANA

Desde su instauración, el SPP en el Perú ha sido una cruel parodia montada sobre la ley chilena, desnaturalizando totalmente sus ventajas. Para comenzar, el nuevo sistema no sustituye al anterior,- eso hubiera obligado a emitir BR- sino que convive con él pero maltratándolo al inducir a los nuevos trabajadores a que se afilien al SPP, también se desatendió el requisito elemental de fijar los aportes  sobre la base de un estudio actuarial, y también se atenta contra el sistema público, a limitar la capitalización de sus fondos.
Pero no es todo. El BR peruano se calcula con una fórmula que da resultados equivalentes a poco más de la mitad que el cálculo chileno. Tampoco es todo. El BR peruano no tiene rendimiento real- e incluso se “reformo” de manera que no rinde ni siquiera la inflación y por tanto se descapitaliza- y no es un bono: es un papel en el sentido literal, no es negociable. El gobierno y las AFP demoran las jubilaciones para restringir, incluso, el depósito de su limitado valor.

La legislación peruana elimino la posibilidad de que las AFP caigan por incompetentes, al notar inicialmente la rigurosidad de la norma chilena. Deben ahora tener rentabilidades menores al promedio de lo que ellas mismas rinden, durante cinco años seguidos, lo cual es imposible en la práctica. Nuestra normativa elimino también la superintendencia especializada en la vigilancia del sistema, y la convirtió en una parte de la Superintendencia de Banca y Seguros, que más bien actúa como una abierta promotora. Esta supuesta Superintendencia ha permitido y estatuido la total desaparición de la competencia en el sistema. Los bancos lucen ahora ostentosamente la propaganda de las AFP y las compañías de seguros que están asociadas a ellos, e incluso pueden identificarse los reducidos destinos de inversión. No solamente eso, las AFP pueden actualmente ahorrarse el esfuerzo de competir y el de buscar mejores rentabilidades: clasifican obligatoriamente a sus afiliados en tres tipos de fondo que funcionan como piloto automático, que las escasas cuatro AFP del medio- dicen que escogen los destinos de inversión “ en manada”, aunque sea una manada de cuatro- y rebuscando en la página estadística de la Superintendencia se puede descubrir como la evolución de la rentabilidad de cada tipo de fondo parece una sola línea de variados altibajos donde están confundidas las cuatro administradoras. Adiós competencia. ¿Fondos de encaje, protectores? En chile, existen. En el Perú están anulados.
Entre otras cosas, además, el SPP reclama que le permitan invertir en el exterior el 50 por ciento de los aportes de los afiliados. Actualmente el 30 por ciento del fondo ya se destina  al exterior, donde están además las casas matrices de los consorcios financieros, renegando ya de la supuesta ventaja del sistema para capitalizar al país. Agréguese, que el SPP es beneficiario principal de bonos emitidos por el gobierno con tasas de alrededor del triple de la inflación, y que las acciones de empresas en las que  invierten son mayormente de propiedad extranjera, no necesariamente boyantes.
La falta de competencia permite que – prácticamente sin  control- el dinero de los afiliados pueda ser pasado de un bolsillo a otro por los consorcios financieros, sacrificando así el futuro de las pensiones que obtendrán. Durante las épocas de auge de la Bolsa de Valores de Lima, las AFP han obtenido la mitad de rendimiento (es decir, el fondo pudiera duplicarse en esas ocasiones), pues su “diversificación” les impide notar lo que cualquier estudiante de economía notaria. En cambio, cuando aducen una depresión caen vertiginosamente; luego, tras el supuesto fin de crisis regresan el fondo al nivel anterior y engañan – con ayuda de la mayor parte de la prensa supuestamente especializada- diciendo que se han “recuperado” para lo cual hecha al olvido los inmensos forados producidos al fondo y los rendimientos perdidos actuales y a futuro. Tenemos así un fondo desprotegido, con operaciones interesadas, blindadas por una legislación más que complaciente.

¿Qué más puede decirse de este SPP? Muchas cosas, que ante la falta de competencia, parecen menores, sin serlo. No hay, como en Chile, una efectiva pensión mínima. Los traslados son dificultosos. No hay representación de los afiliados en la Superintendencia y menos en las AFP. Estas a su vez, informan deficientemente.

LA REFORMA ACTUAL
El Ministerio de Economía y Finanzas ha planteado al Congreso en estos días  un proyecto de reforma legal del sistema, que inclusive  motivado la “protesta” del representante de las administradoras. Veamos el contenido de la propuesta, para que se ilustre su importancia dentro del maremágnum del sistema:
.-Las Comisiones, por supuesto. Se ha criticado hasta el hartazgo, que son las comisiones más caras del panorama internacional al respecto, lo cual no deja de ser cierto. En promedio las comisiones son casi el 2 por ciento (1.88) de la remuneración del afiliado y la prima de seguros 1.3 por ciento adicional, por lo cual tenemos destinado al sistema el 3.2 por ciento de las remuneraciones de sus afiliados, ya que prácticamente sin esfuerzo y suceda lo que suceda con los fondos, incluida la posibilidad de su quiebra total. Por tal motivo, se propone una comisión mixta, que combine el flujo (proporción del salario) con el saldo de  fondos del afiliado (que si no aumenta, no aumenta la comisión y por tanto se supone un premio de la eficiencia de la AFP). Las inversiones oficiales dicen que las comisiones  (no se habla de la prima de seguros)  disminuirían  así del actual casi 2 por ciento hasta el 1.25. Es discutible la mejora, en realidad el saldo crece de manera tendencial. Se fija un plazo de diez años para la conversión total hacía un sistema exclusivamente  dependiente de los saldos.
La subasta. Otra modificación que se pretende introducir, es la conformación de paquetes de nuevos afiliados, que se subastarían entre las AFP dando como ganadora a la que cobre la menor comisión, la cual retendría a estos afiliados al menos por 24 meses. Fomento de la competencia, se le denomina. Las AFP están en desacuerdo: se está atentando -constitucionalmente- contra la libertad  de elegir, aducen.
La extensión de la cobertura. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ataca un frente esencial, y es que bueno o malo, la gran mayoría de los peruanos no tiene acceso a ningún seguro de pensiones. Para mejorar la situación, se postula afiliación obligatoria (¿Cómo?) de trabajadores independientes y el subsidio temporal a la afiliación de trabajadores independientes  que ganen entre 1 y 1.5 remuneraciones mínimas. No se indica quien administraría estos fondos.
Los cobros. Como uno de los problemas del SPP es que tiene el doble – y algo más- de afiliados que de cotizantes, se presupone encargar a la SUNAT, la superintendencia tributaria, la recaudación de los aportes de los afiliados, dado su mayor poder fiscalizador. Actualmente la SUNAT, cobra por esta tarea  a la seguridad social de salud. ESSALUD, el 1.4 por ciento de la recaudación. Difícilmente el SPP aceptará esta cuota.
Otras propuestas. Otras ideas rondan el ambiente oficial sobre este tema. En el tema de las jubilaciones adelantadas- que se  justifican en casos de desempleo y edades avanzadas- no se  entregarían al afiliado el 50 por ciento de sus aportes, si no la totalidad. Una extensión de esta idea es que a los que lleguen a la edad de jubilación se les entregue su fondo para que lo administren ellos, con mayor razón si las pensiones no son vitalicias, eliminando la “administración” de las compañías de seguros. Obviamente esta es una propuesta mayor, En la práctica, las AFP devuelven el fondo y le desean suerte a quienes  han llegado a capitalizar poco, y se evitan así la administración de pensiones miserables a la vez que mejoran su imagen. Pero de allí a “liberar” el fondo para los jubilados, hay un enorme  trecho.


A FAVOR DEL SISTEMA DE CAPITALIZACIÓN INDICVIDUAL Y DEKL FUTURO.
A pesar de las críticas aquí vertidas, no cabe duda que la capitalización individual tiene ventajas y virtudes. Si bien, los pecados ajenos no santifican a nadie, es necesaria una alternativa al manejo irresponsable de los fondos por parte de los gobiernos o de los gremios constituidos en cajas. La realidad mundial es terminante en esto. El argumento esencial, sin embargo, es el de las excelencias de su diseño original: una competencia real en un marco de protección al consumidor puede proporcionar pensiones aceptables a los afiliados al sistema, especialmente en periodos de crecimiento sostenido como el que nuestro país – a menos en este aspecto- está desperdiciando.

Topo parece confluir, de otra parte , hacia el ya famoso sistema multipilar mediante el cual se combinan las virtudes del reparto- su solidaridad generacional- y de la capitalización individual- su competencia creadora – así como las garantías estatales y las capacidades privadas. Las diversas instituciones internacionales involucradas en el diseño de  políticas sociales- Banco Mundial, OIT, AISS, BID-           promueven con matices- especialmente en lo referente a la administración- un sistema de pilares múltiples; y seguramente, el futuro va a universalizarse esta orientación por ser la única racional.
Pero para que haya una salida racional no quiere decir quien se  adopte. Menos aún cuando se trata de un fondo, que en el caso peruano, a pesar de que pudo haber crecido mucho más, ya es un tercio del PBI y supera al presupuesto nacional, concentrándose en pocas manos que a su vez dominan el comportamiento económico del Estado. Es demasiado poder para tan poca ética y para tan escasa cultura previsional de los afiliados. Mientras tanto tendremos estas proposiciones de “reformas” al SPP, esta vez variadas en sus ámbitos, pero a distancias siderales de una propuesta integral con objetivos de bienestar social.
Maestro Lampedusa, nuestros mayores respetos: era usted un genio